martes, 18 de enero de 2011

La Salsa pone a sonar a Cali en el mundo

Fuente: El País, Colombia. Por: Luz Jenny Aguirre y Ossiel Villada


Cali y salsa son de esas palabras que no se pueden explicar una sin la otra. Es un matrimonio que se da por hecho y donde, a fuerza del tiempo y la costumbre, se olvidan los detalles.

Por fortuna siempre pasan cosas que despiertan el amor. Esta vez, un artículo del New York Times que sitúa a la ciudad como destino ineludible por su riqueza salsera alborota las preguntas. Entonces es cuando brotan las respuestas. Sí, Cali es salsera desde la entraña, una salsera que se renueva, que es más que una tradición que se menciona en las canciones de feria. Los votos de esta unión se regeneran en el presente con escuelas, espectáculos, templos de la rumba más vivos que nunca, proyectos novedosos, gente que tiene claro que salsa no es sólo un género musical, es una manera de vivir la ciudad.

Paseo bailable por un entrañable romance que siempre vuelve a empezar.

Fuente de los deseos

Que queda prácticamente en la calle, cierto. Que la gente tiene que sentarse en andén, sin duda. Que no mide más de 36 metros cuadrados, así es. Pero que nadie le diga a Gladis Mora que La Fuente, “tertuliadero” sobre la Avenida Cuarta Norte, detrás del Club Colombia, es un “metedero cualquiera”. Especialmente los viernes se convierte en un río de gente que toma cerveza a dos mil pesos y que baila en la acera al son de salsa dura y del sonido de los carros. Si La Fuente es el cuerpo, Gladis es su alma.

Es la discómana y esposa del dueño. Acento caleño de sílabas alargadas, ojos delineados y bailarina de esas que disfrutó los lunes del Aguacate, los martes de la Jirafa Roja y los domingos de Honca Monka. Dice que la música es el atractivo de este lugar, creado por la pareja hace ocho años, y que aunque no conoce de historia, grupos y años de los éxitos musicales tiene un don que la convierte en una maga para programar “la melodía”. En su computador guarda 30.000 canciones que estudia por las tardes para así llegar preparada a las noches, porque pueda ser, como ya le ha pasado, que tenga como clientes al Flaco Solórzano o a la orquesta La 33. Tiene fotos, para que no queden dudas. En semana atiende las residencias Chalet, que quedan justo al lado y que también son suyas, sitio que presta el baño a las mujeres en las noches de fiesta. Gladis es más que “la señora de La Fuente”, es una señora rumba.

Hotel del ritmo

Ara Kazarians es un caleño metido por accidente en el cuerpo de un armenio. Para enmendar este error del destino se vino a vivir al barrio El Peñón y montó el único hotel temático de la salsa que existe en la ciudad. Baila con pies veloces y hábiles y describe la felicidad con la escena de una caminata vespertina bajo el sol del Valle.

Conoció el amor de una caleña y a través de éste la salsa. La caleña pasó, pero el ritmo quedó. Se hizo DJ de este género en Londres, donde incluso tuvo una revista sobre el tema. En Brasil conoció a su esposa, a la que trajo de luna de miel a Cali. Y helos aquí, terminando de decorar los seis cuartos del hostal en honor a Celia Cruz, Héctor Lavoe, Ismael Rivera, Tito Puente, Piper Pimienta y Pablo Lebrón.

El hospedaje funciona desde diciembre, allí se dictan clases de salsa y hay una tienda de objetos sobre este género. Su excelente español le permite discutir a fondo con sus amigos caleños sobre salsa, son, bolero, tendencias musicales e innovaciones.

“¡Yo perdí 17 años de mi vida en Londres, cuando podría estar aquí!”, es la frase que resume su pasión por la “tierra de sangre caliente”.

Afirma que la salsa no es sobre el amor, sino sobre la vida y que sueña con enseñarles a los demás extranjeros a querer a esta ciudad así como él la adora. En su corta vida Posada Salsa y Boutique ha tenido doce huéspedes, suficientes para que Ara se convenza de que el hotel no sólo debe existir sino crecer y tener un mural de melómanos, otro de hitos, así como una biblioteca de la salsa.

El ‘chino’ Felipe

De las nuevas generaciones de melómanos caleños, pocos tienen el nivel de reconocimiento del que goza Felipe Valero. Detrás de su pinta de universitario callado, tímido y sencillo está ‘Dj El Chino’, como se le conoce mejor en los extramuros salseros, el más importante difusor y promotor de la salsa independiente en Colombia, y uno de los más destacados en el mundo entero. Cada año, ‘Dj El Chino’ realiza un tour de cuatro meses como invitado especial de todos los festivales de salsa de Europa. Inglaterra, Luxemburgo, Holanda, Polonia, Portugal, Suecia, Noruega, Alemania, Francia, Suiza y Austria, entre otros, son sus lugares de paso.

Y en ese trasegar se convierte en un puente que conecta la movida salsera de Cali con la del Viejo Continente. De hecho, es el representante de muchas orquestas radicadas en esa orilla del mundo, que no hacen parte del portafolio tradicional de las disqueras internacionales, es decir, la mayoría.

Aunque pocos lo saben, ‘Dj El Chino’ fue el responsable de convertir en éxitos varios de los temas de orquestas extranjeras que han pegado en los últimos años en la radio comercial y las discotecas de Cali. Y, por si fuera poco, en el 2007 ingresó en el selecto club de los Dj’s que se dan el lujo de hacer sus propios discos, con selecciones musicales autorizadas oficialmente por los artistas que en ellas se incluyen. Pero además, Felipe Valero es uno de los pioneros en la aplicación de la tecnología a la difusión y la promoción de la salsa. Su blog, solarlatinclub.blogspot.com, es uno de los más visitados y se convirtió en referente obligado para el movimiento blogger que surgió en Cali hace tres años en torno a la salsa. Su sueño: poner salsa en China.

Herencia musical

Lección uno: para comprender la importancia de Nuestra Herencia hay que entender la nueva lógica que rige el mercado de la salsa en Cali, en la que la radio comercial pasó de ser el primero a ser el último, y tal vez el menos importante, eslabón de la cadena de difusión y promoción musical.

Para pegar un tema la receta es la siguiente: entregue un demo a cualquiera de los muchos bloggers salseros que hay en Cali. Si la música tiene calidad, se regará como pólvora por toda la web y, a partir de allí, saltará a la programación de las salsotecas.
Pero la prueba de fuego para cualquier músico y cualquier producción es puntual y focalizada: si pega en el Distrito de Aguablanca, pegará en toda la ciudad.

A partir de allí, sólo hay que cruzarse de brazos. Los programadores de la radio, desesperados y perdidos de tanto repetir la misma música sosa en sus estaciones, llegarán a las salsotecas y aprenderán qué es lo que mueve al bailador. Y pegar en el Distrito equivale a pegar en Nuestra Herencia, un templo salsero que se levantó en un rincón del barrio Poblado I y que tomó su nombre de un legendario establecimiento de los años 80.

No es gratuito que muchos de los músicos extranjeros que llegan a Cali quieran visitarlo y presentar allí sus nuevos temas.
Lección dos: visite Nuestra Herencia: Cra 29 72L-75, Poblado I.

La casa de Gary

Si ‘Cha Cha Chá’ pudiera, tocaría las congas y cantaría todas las letras de Rubén Blades en ‘Maestra vida’. ‘Cha cha chá’ es la perra que más sabe de salsa en Cali, y su cola tiene un movimiento especial, dependiendo de si suena un guaguancó, un son o una timba. Vive junto con su amo, Gary Domínguez, en la Calle 7ª. 27-38, barrio Alameda, un rincón más conocido como La Casa Latina.

Pero ‘Cha Cha Chá’ no es la única que debe agradecerle a Gary el haberla iniciado en el mundo de la salsa. Para ser claros, en los últimos 30 años todos los salseros caleños, directa o indirectamente, han sido alumnos de Gary. Para ser precisos, esta ciudad conoce a Los Van Van por Gary. Y para ser justos, ninguno de los demás íconos que hoy resaltamos se habría consolidado como tal de no ser por Gary. El ‘Dj errante’, como se le conoce, fue el hombre que en 1983 fundó la primera y única ‘Universidad de la Salsa’ de Cali. En La Taberna Latina, que le dio paso a Casa Latina, se formó el oído de tres generaciones de salseros. Fue allí donde por primera vez se oyó la timba y allí se concibió todo el alboroto ‘Vanvanero’ de la pasada Feria de Cali.

Melómanos, músicos, bailarines, poetas, periodistas, escritores y estudiantes se daban cita en ese rincón de menos de 60 metros cuadrados para aprender los secretos de la salsa, conocimientos que se validaban cada año en el Icfes de la salsa.

Todas las salsotecas que existen hoy en Cali son semillas dispersas de la Taberna Latina. Y muchos de los clientes de Delirio formaron su oído y su corazón salsero en la Latina. El mayor mérito de Gary, sin embargo, fue mostrarle al mundo el más grande secreto que guardaba esta ciudad: la más completa colección de discos de salsa que se conozca, y que permanecía oculta en anaqueles y bibliotecas de toda la geografía urbana. Congregar a sus dueños cada año, en un gran encuentro de melómanos, fue su gran obra. Por ello, visitar el museo Casa Latina, el nuevo refugio de Gary, es indispensable para entender por qué esta ciudad es la Capital Mundial de la Salsa.

Tremendo Zaperoco

De la mucha salsa que se bailó en 1979 en Cali, un tema se quedaría grabado en la memoria del colectivo urbano. ‘No quedó ni el gato’ fue, casualmente, el único gran éxito de la orquesta puertorriqueña Zaperoko, que se disolvió después de pocos años de actividad. Hoy, ese mismo término, que en tierras latinoamericanas es sinónimo de alboroto, identifica uno de los lugares más emblemáticos del circuito salsero de la ciudad. Zaperoco es, en el mejor sentido de la expresión, una salsoteca para turistas.

Una especie de Bodeguita del Medio de La Habana o Café Tortoni de Buenos Aires, donde es posible tener un acercamiento primario al universo salsero caleño. Dicho de otra forma: si sabe poco o nada de salsa y quiere aprender, una visita a Zaperoco es un buen primer paso. De hecho, el propósito de su fundador, Mauricio Levy, fue ese: crear un espacio que conservara la riqueza de la salsa dura en un momento en el que la ‘salsa monga’ romántica, de baratija se tomó la ciudad, de la mano de la radio comercial.

Para vivir lo mejor de Zaperoco hay que asistir un jueves, pedir una cerveza y ver una descarga en vivo. No se necesita mucha suerte para ver un ensamble de músicos caleños, bogotanos, cubanos o puertorriqueños. Los viernes, ya es por todos bien sabido, en Zaperoco no queda ni el gato.

El títere soy yo

Delirio, esa fiebre salsera que hace alucinar, que ha sido comparada con el Circo del Sol, puede ser contada de muchas maneras.
Puede, por ejemplo, resumirse en la sonrisa generosa de José Fernando Ureña amarrado de pies y manos a la estructura de una marioneta gigante.

Él es el títere, un coreógrafo de 28 años que siendo niño se asomó por una ventana a un ensayo de salsa y decidió lo que quería ser en la vida.

Él es el títere, quien junto a Fabián Hoyos (montado en zancos), deja con la boca abierta al público de Delirio bailando el tema de Louie Ramírez que habla sobre el tipo “atrevido, vivito y también guapetón”.

Está con Delirio desde sus comienzos, hace cerca de cinco años, cuando llegó con el grupo Son de Luz, a través de Rucafé y eran no más de 45 artistas. Ya son una familia de más de 300 personas, entre bailarines, producción y demás.

El jamundeño habla de la carpa de salsa-circo y orquesta sin ahorrar adjetivos. Y es que no es para menos, este espectáculo lo ha llevado a España, París, Panamá, Londres y China. De este último destino recuerda la comida picante y que aunque movía las alas como un pollo no pudo hacerse entender del mesero. Ah, también tiene presente que abarrotaron el Teatro Exhibición de Beijing y que vieron llorar espectadores. “Pasa mucho con colombianos que nos ven en otro país, es la locura”, relata.

Delirio es hoy la casa de 150 bailarines de cuatro escuelas de base: Nueva Dimensión, Constelación Latina, Estilo y Sabor y Rucafé. Y es allí donde los artistas invitados muestran lo mejor de sus trabajos y toman aire para dar fuerza a sus proyectos.

Este espectáculo son horas de locura musical el último viernes de cada mes, en los que los camerinos son ropa volando por los aires debido a los permanentes cambios de vestuario. Es sorpresa constante por lo que suena, lo que se mueve, lo que pende de los trapecios.

José Fernando asegura que hacer parte de Delirio le permite pensar en un futuro con su propia academia de baile, está seguro de que de la salsa se puede vivir en Cali
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